
El grooming es una forma de manipulación en la que una persona adulta establece y desarrolla una relación de confianza con un menor de edad con el objetivo de acercarlo progresivamente a situaciones de carácter sexual o de explotación.
Aunque puede ocurrir de manera presencial, actualmente es frecuente que se desarrolle a través de internet, especialmente mediante redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos y plataformas donde los menores interactúan con otras personas.
El proceso puede comenzar de una manera aparentemente inocente. El adulto puede mostrarse amable, interesado en los gustos del menor o buscar convertirse en su amigo o confidente. Con el tiempo, puede intentar establecer una relación cada vez más privada y pedir que las conversaciones se mantengan en secreto.
Algunas conductas que pueden ser señales de alerta incluyen:

Especialistas y organizaciones de protección infantil recomiendan mantener una comunicación abierta con niños y adolescentes para que puedan contar si alguien en internet los hace sentir incómodos, los presiona o les solicita contenido privado.
También es importante no culpar al menor. La responsabilidad recae en la persona adulta que utiliza la manipulación para establecer ese tipo de vínculo.
Ante una situación de este tipo, se recomienda conservar las conversaciones y evidencias, bloquear al agresor y reportar el caso ante las autoridades correspondientes.
El grooming puede comenzar con una conversación aparentemente normal y evolucionar progresivamente hacia conductas de manipulación y abuso. Por eso, reconocer las señales tempranas puede ser fundamental para proteger a niños y adolescentes.