
Durante años, para muchos salvadoreños cruzar una calle fuera de una pasarela o lejos de un paso peatonal fue una práctica común. Ya sea por ahorrar tiempo, evitar subir gradas o simplemente por costumbre, miles de personas han optado por atravesar calles y carreteras por zonas no autorizadas. Sin embargo, esta práctica ahora podría salir mucho más cara de lo que algunos imaginan.
Una normativa vigente dentro del municipio de San Salvador Centro contempla sanciones económicas para las personas que crucen de manera imprudente o que ignoren el uso de una pasarela cuando exista una cerca de su ubicación. La medida ha generado conversación en redes sociales y opiniones divididas entre quienes consideran que es una acción necesaria para mejorar el orden y quienes creen que primero deberían mejorarse las condiciones de infraestructura peatonal.
La disposición forma parte de la Ordenanza para la Convivencia Ciudadana y establece reglas relacionadas con el tránsito peatonal y el uso adecuado de los espacios públicos. Entre sus puntos más comentados está la posibilidad de sancionar a quienes decidan cruzar una calle fuera de las áreas destinadas para peatones.
Según la normativa, la sanción puede aplicarse cuando una persona atraviesa la vía en zonas no autorizadas, cruza de manera considerada imprudente o decide no utilizar una pasarela ubicada a una distancia relativamente cercana. En el caso específico de las pasarelas, la regulación contempla una referencia de hasta cien metros de distancia. Es decir, si existe una estructura peatonal dentro de ese rango y una persona decide ignorarla para cruzar directamente la calle, podría exponerse a una multa.
Las sanciones económicas establecidas oscilan entre los 15 y los 50 dólares, una cantidad que para muchos puede representar un gasto inesperado y considerable. Aunque algunos podrían pensar que se trata únicamente de una medida recaudatoria, las autoridades han argumentado que el objetivo principal es disminuir accidentes y promover un mayor respeto a las normas de movilidad urbana.
El riesgo para los peatones en zonas de alto tráfico continúa siendo una preocupación frecuente, especialmente en áreas donde circulan grandes cantidades de vehículos diariamente. Avenidas principales, carreteras y sectores comerciales suelen convertirse en puntos donde algunas personas toman decisiones rápidas que pueden terminar en situaciones peligrosas.
Sin embargo, el debate ha ido más allá de la simple existencia de multas. Muchas personas han comenzado a preguntarse si todas las pasarelas realmente son accesibles o si algunas condiciones dificultan su uso. En distintos sectores existen estructuras con largos tramos de gradas, problemas de iluminación o condiciones que podrían representar un desafío para adultos mayores, personas con discapacidad o ciudadanos con movilidad reducida.
Para algunos ciudadanos, antes de exigir sanciones debería existir una mejora integral de la infraestructura peatonal. No basta con colocar una pasarela; también debe ser segura, accesible y encontrarse en condiciones adecuadas para fomentar su uso.
Otros consideran que el problema también tiene un componente cultural. Durante décadas, muchos peatones se acostumbraron a cruzar calles de la forma más rápida posible, incluso en sitios con alto flujo vehicular. Cambiar hábitos arraigados puede ser un proceso lento, y las sanciones podrían convertirse en una herramienta para impulsar ese cambio.
La ordenanza no solamente aborda el tema de las pasarelas. También incluye disposiciones relacionadas con el respeto de espacios peatonales, la circulación adecuada y otras normas orientadas a mantener el orden dentro del municipio. Incluso existen sanciones para acciones que dificulten el libre paso en calles y espacios públicos.
Mientras el debate continúa creciendo entre quienes apoyan y critican la medida, lo cierto es que la normativa ya existe y podría aplicarse. Por ello, más allá del debate, muchos ciudadanos consideran importante informarse sobre las reglas vigentes para evitar sanciones y, al mismo tiempo, reducir riesgos al momento de movilizarse.
La pregunta que queda abierta es sencilla: ¿las multas lograrán cambiar la conducta de los peatones o el problema requiere soluciones más profundas relacionadas con infraestructura, educación vial y planificación urbana? La respuesta probablemente comenzará a verse en las calles durante los próximos meses.